Estábamos ahí esperando a cualquier cosa. Yo sin saber qué hacer y tú con miedo de mi quehacer. Miramos el atardecer como si no hubiera nadie a nuestro lado, pero se notan nuestras presencias, nuestra atracción, a kilómetros de distancia.
Ansío besarte, probar tus labios de lujuria y pasión. Esos labios que tanto deseé en todo el tiempo que llevamos conociéndonos. Darte la mano, y susurrarte al oído tu dulce nombre bañado en calor y cariño. Cuidarte como nunca antes te han cuidado y darte el cariño que nunca antes te han ofrecido.
Y al final, me llamas y eres tú la que te lanzas. Me besas, despacio y con miedo, pero yo te cojo de la cintura y es asombroso la perfección con la que encajan ambas piezas. Me das la mano suavemente y noto que te tiembla, pero no quiero dejar de besarte para calmarte. Es algo que tanto deseé y que tú hayas dado el primer paso, me vuelve loca y hace que te quiera cada vez más.
Lo hicimos, juntas. Y yo juro por mi vida que te cuidaré como nadie antes lo hizo. Te lo prometo.
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sábado, 4 de mayo de 2013
jueves, 21 de marzo de 2013
El sueño.
Era el viaje de fin de curso, y todos los segundos estábamos en medio de la Sierra de Cazorla, descansando después de dos horas de caminata. Algunos comían, otros charlaban, y otros usaban sus móviles.
-¡Eh, Jota, vuelve! -grité, viendo que se alejaba.
-No, espera, que he visto un animal por ahí.
Se fue corriendo y no me dio tiempo a avisar a nadie, y para asegurarme de lo que hacía, fui detrás de él. Empezó a aflojar el paso, y vi que tenía razón: a cinco metros había un ciervo precioso, con unas astas enormes, con un pelaje que parecía recién lavado... Realmente mereció la pena. Fui andando hasta ponerme detrás de Jota y le susurré:
-Es bonito, eh. Tenías razón al querer venir.
-Sí, lo sé -dijo con una sonrisa-. Pero no tenías que haberme seguido.
-Por si acaso... -giré la cabeza y empecé a andar.
Me siguió. Íbamos despacio para no asustar al ciervo, y a cada rato mirábamos hacia atrás para ver si estaba, hasta que los árboles no nos dejaban ver más. Llegamos al camino, pero no vimos a nadie cuando se suponía que tenían que estar ahí descansando.
-No están... -dije, asustada.
-¡No me digas! -dijo con ironía-. Tenemos que buscarlos.
-Pueden estar en cualquier parte, Jota.
-¿Entonces qué hacemos: nos quedamos aquí parados esperando que venga un oso y nos coma, o salimos a buscarlos?
-Aquí no hay osos, es más: no hay animales demasiado peligrosos -dije sin saber realmente si tenía razón o no-, y es más sensato esperar hasta que se den cuenta de que faltamos.
-Bueh... tienes razón -le cayó una gota en la cabeza-. Ah, joder, está lloviendo. Busquemos un lugar para refugiarnos.
Buscamos pero lo único que encontramos fue un gran árbol que protegía un poco, aunque nos mojásemos. Eran ya las ocho de la tarde, estarían a punto de irse. ¿Realmente no se habían dado cuenta de nuestra pérdida?
-Jota, está resfrescando, ¿no tienes frío?
Yo llevaba al menos una sudadera, pero él iba en manga corta. Me gustaba, pero iba a enfermar.
-Tengo la sudadera y la cazadora en la mochila, no pasa nada.
Es cierto: también llevábamos las mochilas. Pesaba (relativamente) poco, así que no me había dado cuenta de su presencia. Yo ahí sólo llevaba comida y agua.
Los dos estábamos sentados en el árbol, esperando que viniesen a por nosotros. Hablábamos y decíamos tonterías, para que el tiempo pasase más deprisa. Eran las nueve, y nuestros compañeros ya deberían de estar en nuestro pueblo. Empezaba a hacer mucho frío, así que él se puso la sudadera y yo empecé a tiritar.
-Si tienes frío puedes coger mi cazadora, está en la mochila -dijo con una sonrisa.
-Oh, gracias.
La cogí y me la puse. Olía a él y me encantaba, pero intenté que no se notase demasiado.
Dejó de llover.
Las horas pasaban mientras nosotros hablábamos y reíamos. Sin querer estábamos cada vez más juntos, pero supuse que era un acto reflejo porque hacía mucho frío.
-¿Quieres la chaqueta? -yo estaba bien, pero él tenía que tener bastante frío, pues era la primera vez que le veía tiritar.
-No, no hace falta. No hace tanto frío -sonrió.
-Bueno, otra forma de soportar el frío es el calor corporal o el contacto "piel con piel" -dije, con un tono que pareciese de broma aunque yo quería hacerlo.
Jota levantó los brazos y me hizo una seña con la cabeza de que le abrazase. Me quedé extrañada pues nunca antes le había abrazado ni había visto a nadie que lo hiciera. Él me asintió sonriendo, como diciendo "que no, que no es broma, que tengo frío". Fui y le abracé. Me sentí bastante bien, además de que él me rodeó con un brazo. Yo tenía la cabeza apoyada en su pecho, con una parte en su cuello, de rodillas; mientras que él estaba sentado con las piernas cruzadas y sujetándome con un brazo por la cintura.
-Se está así bastante bien, eh -bromeó.
-La verdad es que sí. ¿Tienes más calor ya?
-Sí -dijo con una voz débil.
Con la mano que tenía en mi cintura, empezó a acariciarme ésta. Me sentía muy bien, tanto que tuve un escalofrío. Él lo notó y paró.
-No hace falta que pares... -dije, muy sonrojada, ocultando el rostro en su pecho.
Sonrió y siguió, me hacía sentir tan bien... Desearía que así fuese todos los días.
-¿María? -me llamó.
Levanté la cabeza, y dije:
-¿Si?
Pero antes de que me diese tiempo, nuestros labios se juntaron. Sentí una verdadera sensación de placer, pues era lo que estaba deseando desde hacía meses. Nos separamos durante un segundo, nos miramos a los ojos y volvimos a besarnos, esta vez los dos por igual.
Él me sujetaba fuertemente de la cintura con una mano, como si temiese mi huida; y con la otra me acariciaba suavemente el cuello. Yo estaba como en la posición inicial: abrazándole...
Y sonó el despertador.
El fin de un perfecto sueño, que desearía que se hiciera realidad...
-¡Eh, Jota, vuelve! -grité, viendo que se alejaba.
-No, espera, que he visto un animal por ahí.
Se fue corriendo y no me dio tiempo a avisar a nadie, y para asegurarme de lo que hacía, fui detrás de él. Empezó a aflojar el paso, y vi que tenía razón: a cinco metros había un ciervo precioso, con unas astas enormes, con un pelaje que parecía recién lavado... Realmente mereció la pena. Fui andando hasta ponerme detrás de Jota y le susurré:
-Es bonito, eh. Tenías razón al querer venir.
-Sí, lo sé -dijo con una sonrisa-. Pero no tenías que haberme seguido.
-Por si acaso... -giré la cabeza y empecé a andar.
Me siguió. Íbamos despacio para no asustar al ciervo, y a cada rato mirábamos hacia atrás para ver si estaba, hasta que los árboles no nos dejaban ver más. Llegamos al camino, pero no vimos a nadie cuando se suponía que tenían que estar ahí descansando.
-No están... -dije, asustada.
-¡No me digas! -dijo con ironía-. Tenemos que buscarlos.
-Pueden estar en cualquier parte, Jota.
-¿Entonces qué hacemos: nos quedamos aquí parados esperando que venga un oso y nos coma, o salimos a buscarlos?
-Aquí no hay osos, es más: no hay animales demasiado peligrosos -dije sin saber realmente si tenía razón o no-, y es más sensato esperar hasta que se den cuenta de que faltamos.
-Bueh... tienes razón -le cayó una gota en la cabeza-. Ah, joder, está lloviendo. Busquemos un lugar para refugiarnos.
Buscamos pero lo único que encontramos fue un gran árbol que protegía un poco, aunque nos mojásemos. Eran ya las ocho de la tarde, estarían a punto de irse. ¿Realmente no se habían dado cuenta de nuestra pérdida?
-Jota, está resfrescando, ¿no tienes frío?
Yo llevaba al menos una sudadera, pero él iba en manga corta. Me gustaba, pero iba a enfermar.
-Tengo la sudadera y la cazadora en la mochila, no pasa nada.
Es cierto: también llevábamos las mochilas. Pesaba (relativamente) poco, así que no me había dado cuenta de su presencia. Yo ahí sólo llevaba comida y agua.
Los dos estábamos sentados en el árbol, esperando que viniesen a por nosotros. Hablábamos y decíamos tonterías, para que el tiempo pasase más deprisa. Eran las nueve, y nuestros compañeros ya deberían de estar en nuestro pueblo. Empezaba a hacer mucho frío, así que él se puso la sudadera y yo empecé a tiritar.
-Si tienes frío puedes coger mi cazadora, está en la mochila -dijo con una sonrisa.
-Oh, gracias.
La cogí y me la puse. Olía a él y me encantaba, pero intenté que no se notase demasiado.
Dejó de llover.
Las horas pasaban mientras nosotros hablábamos y reíamos. Sin querer estábamos cada vez más juntos, pero supuse que era un acto reflejo porque hacía mucho frío.
-¿Quieres la chaqueta? -yo estaba bien, pero él tenía que tener bastante frío, pues era la primera vez que le veía tiritar.
-No, no hace falta. No hace tanto frío -sonrió.
-Bueno, otra forma de soportar el frío es el calor corporal o el contacto "piel con piel" -dije, con un tono que pareciese de broma aunque yo quería hacerlo.
Jota levantó los brazos y me hizo una seña con la cabeza de que le abrazase. Me quedé extrañada pues nunca antes le había abrazado ni había visto a nadie que lo hiciera. Él me asintió sonriendo, como diciendo "que no, que no es broma, que tengo frío". Fui y le abracé. Me sentí bastante bien, además de que él me rodeó con un brazo. Yo tenía la cabeza apoyada en su pecho, con una parte en su cuello, de rodillas; mientras que él estaba sentado con las piernas cruzadas y sujetándome con un brazo por la cintura.
-Se está así bastante bien, eh -bromeó.
-La verdad es que sí. ¿Tienes más calor ya?
-Sí -dijo con una voz débil.
Con la mano que tenía en mi cintura, empezó a acariciarme ésta. Me sentía muy bien, tanto que tuve un escalofrío. Él lo notó y paró.
-No hace falta que pares... -dije, muy sonrojada, ocultando el rostro en su pecho.
Sonrió y siguió, me hacía sentir tan bien... Desearía que así fuese todos los días.
-¿María? -me llamó.
Levanté la cabeza, y dije:
-¿Si?
Pero antes de que me diese tiempo, nuestros labios se juntaron. Sentí una verdadera sensación de placer, pues era lo que estaba deseando desde hacía meses. Nos separamos durante un segundo, nos miramos a los ojos y volvimos a besarnos, esta vez los dos por igual.
Él me sujetaba fuertemente de la cintura con una mano, como si temiese mi huida; y con la otra me acariciaba suavemente el cuello. Yo estaba como en la posición inicial: abrazándole...
Y sonó el despertador.
El fin de un perfecto sueño, que desearía que se hiciera realidad...
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