jueves, 10 de julio de 2014

El rescate (antiguo)

   Érase que se era una princesa encerrada en su propio castillo. Ella quería salir, pero a la vez tenía miedo del exterior. Le era tan desconocido... cada vez que salía de él, algo o alguien le hacía daño, y volvía.
   Después de meses y meses, con la única compañía de una araña llamada Paula, alguien llamó a la puerta.
   -¿Quién es? -dijo ella, asustada, pues hacia años que nadie venía a buscarla.
   -Soy yo.
   No dijo nada más. La voz le resultó tan cálida y familiar que no pudo evitar abrirle.
   Cuando subió, se dio cuenta de que era un joven príncipe apuesto, con una sonrisa sincera y una mirada que podría iluminar una noche sin luna.
   -¿Sabes quién soy? -dijo él, sonriente.
   -No, pero me resultas familiar -contestó ella, extrañada.
   -Soy aquél que tanto buscabas. El que viste una noche y no te atreviste a saludar. Soy ese chico que ha venido a sacarte del castillo.
   -¿Y quién te ha dicho a ti que quiero salir?
   -Me lo dicen tus ojos. Ven -le ofrece la mano-, ¿te apetece un paseo?
   La princesa aceptó, puesto que se sentía protegida acompañada de aquel príncipe. No tuvo miedo en pisar el césped descalza, después de tanto tiempo. 
   Aquel príncipe, le enseñó las maravillas del mundo exterior de las cuales ella nunca se había fijado. Se dio cuenta, de que se había perdido muchas cosas encerrada en su castillo... pero no le importó, porque si no hubiese estado allí, jamás se hubiese encontrado con su príncipe.
   Pasaron los días, y la princesa cada vez se sentía mejor con su príncipe. Él, iba a buscarla todos los días, e incluso dormían juntos en el jardín. Ella ya no tenía miedo, pues se sentía protegida. Él se sentía feliz con el mero hecho de admiradla. Cada uno le aportaba algo especial al otro, por lo que nunca se podían separar.
   Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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