Pocas veces Nira se había sentido tan feliz. No sabía cómo ni por qué, pero así era. Sonreía sin razón, cada vez se veía más hermosa y ya no era tan borde como lo fue antes. Se encontraba a gusto y, aunque deseaba cambiar algunas cosas, no le importaba demasiado su presencia en ella. Nira iba loca al ordenador para mirar si estaba, cuando a penas llevaban dos días conociéndose. Esa sensación y ese sentimiento le eran familiares, pero decidió dejarlo estar para no cometer los errores del pasado, para no precipitarse de nuevo.
Ese día se pasó todo el día viéndole. Le era muy extraño esa sensación, puesto que hacía mucho que nadie le daba tanto tiempo ni se preocupaba tanto por ella. Se sentía bien, a gusto con su presencia y sin sentir molestia por algunas cosas que siempre la incordiaban.
Entonces pasó lo que tenía que pasar. Ella se asustó, no sabía cómo reaccionar puesto que le había impactado demasiado todo aquello, y sucedió demasiado deprisa como para asimilarlo. Pero le dio igual, aceptó el trato y vendió su alma al diablo.
Ahora, Nira se alegra muchísimo de su elección y cada día le sonríe a la vida como nunca antes lo había hecho, y como nunca antes esperaba hacer.
Ahora, Nira se está enamorando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario