jueves, 9 de enero de 2014

Basado en hechos reales.

 John era un padre cincuentón, jubilado, sin más preocupaciones que no olvidarse el 1'50€ que cuesta una caña en su bar favorito, el que está en frente de su casa. John, con un hijo de casi 30 años, estaba muy contento con su vida: nunca le había faltado en la mesa un plato para su mujer y su hijo, tiene las dos mejores nietas del mundo, y en unos días hace 30 años casado con la mujer de su vida. Se podría decir que John, ha sido un hombre afortunado.
 Un día, mientras John pasaba por la carretera de siempre, de vuelta de una rutinaria visita al médico, se encontró con un aparatoso accidente, al parecer, muy reciente; porque no había señales de que la policía ni la ambulancia hayan estado por allí. John bajó del coche para ver mejor y se encontró con un coche destrozado completamente. «Hay muertos, seguro. Mejor me llevo una manta por... por lo que pueda pasar», pensó,a la vez que cogía la manta azul que utilizaba su hijo para dormir de pequeño.
 Al bajar se acercó al coche, que siquiera parecía uno. Sólo era un amasijo de hierros con una especie de chasis blanco, con las ventanas destrozadas. Ni la matrícula era visible. No muy lejos, vio una persona. John se acercó a un paso rápido, por si había una escasa posibilidad de que aún tuviera vida. Cuando estaba a un metro de él, se dio cuenta de que no. Aquel muchacho estaba completamente desfigurado.
–Está tan mal que ni su padre le reconocería –pensó en voz alta, con un nudo en el estómago.
 John cogió la manta, la sacudió para estirarla y la echó encima del chico. A lo lejos vio un camión volcado, cuyo dueño (o eso parecía) estaba con un móvil en la oreja. «Estará llamando a una ambulancia, mejor me voy; aquí no pinto nada».

 Al llegar a su bar favorito, John le contó al mese lo ocurrido:
–...pobre chaval, Pedro. Estaba jodidamente desfigurado. No sé si era de aquí, de Barcelona o de Suiza. No tenía rasgos y estaba ensangrentado. Ojalá no haya dejado a nadie... –a John se le hizo un nudo en la garganta y no pudo seguir–. Si tú lo hubieras visto, Pedro. Eso no parecía una persona. Ni siquiera sé si debí taparlo, a lo mejor la policía ni lo encuentra... qué pena me da, ¡parecía joven!
 Entró la mujer del mese.
–¡Pedro! ¿Te has enterado del accidente? ¡Ha muerto...!
–¡Shhh! –le cortó Pedro a su mujer, señalando a John con los ojos.
Entonces se escuchó una ambulancia, que se para en la casa de John.
 John ata cables.
 Su hijo hoy iba al pueblo de al lado, a comprar, con su coche blanco.
 John salió.
 Buscaban a John.
 Las piernas de John pesaban más de lo normal.
 John se derrumba.
 John, llora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario